Columnas

 

Dice Silvio Rodríguez, en “Óleo de una mujer con sombrero”, que “los amores cobardes no llegan a amores, ni a historias, se quedan allí, y que ni el recuerdo los puede salvar…”. Uno puede imaginar que Silvio le canta a los amantes furtivos, o a la revolución, o simplemente a una mujer con sombrero. El arte es así, se trasviste, y en esa acción actúa como disparador de muchos significados.

 

Brilló como un pontífice aunque naturalmente los pontífices también se mueren. Hace poco tiempo se cumplió un nuevo aniversario de su partida; fue el 14 de junio.

El año 86 terminó de envolverlo con la niebla que le fue anunciada por su ceguera. Ha pasado el tiempo y parece que aún respira con fuerza.

 

Cuando el hombre regresó a su pueblo luego de haber construido su vida lejos, en otro lugar, en la gran ciudad, comenzó a caminar las calles que albergaron su niñez y los recuerdos comenzaron a acercarse, despacito, como para entrar en confianza y así poder desplegar sus imágenes en blanco y negro, sin definición, con el volumen bajo pero con la intensidad necesaria como para que el corazón respire entrecortado y los ojos muten húmedos hasta ingresar definitivamente en un mundo onírico que sostenga los días reales del protagonista.

 

Hay un hecho incontrovertible: el generalizado empobrecimiento del lenguaje; y una segunda constatación aunque discutible: se lee menos. Habría, además, una tercera percepción: la instalación de una literatura liviana como el modo actual de escribir y leer, constatada en el canon, en el género bestsellerista y en los premios de concursos nacionales.

 

En el lago Rosario, provincia del Chubut, existe una pequeña isla. Los lugareños sostienen que en el interior de la misma habita un árbol, precisamente un nogal.

Algunos pescadores embarcados suelen llegar hasta sus orillas para dejar ofrendas, ya que las tradiciones orales le adjudican al árbol la propiedad de la fertilidad, del nacimiento y la vida.

Cuenta un cronista inglés que cierto día llegó al poblado un científico canadiense.